Un buen round de Calamaro
Ante un Luna Park colmado de fanáticas, mostró su gran momento musical... y verbal. Habló, criticó y homenajeó a Dylan y a los Stones.
WALTER DOMINGUEZ
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DUCTIL. Calamaro hizo una excelente versión de Mundo Maravilloso. |
No era una noche cualquiera para Andrés Calamaro. Por primera vez se presentaba como solista en el ex templo del boxeo Luna Park, cerrando los capítulos argentinos de su gira Alta suciedad. Y a esta serie de dos conciertos no tuvo mejor idea que llamarla "Ultimo round". Demasiado simbólico para un músico que, de un tiempo a esta parte, aparece empeñado en pelearse en varios frentes (recordar juicio por apología de las drogas, fuertes declaraciones contra Massera, enfrentamientos mediáticos contra los ayer adorados Charly García y Luis Alberto Spinetta, y varios desplantes más).
Calamaro entró al escenario como una estrella: con la banda tocando una base de rock and roll, él -saco, pantalón y remera negra con la imagen de un extraterrestre e iluminado por un reflector que no lo abandonaría en casi toda la noche- se calzó la guitarra eléctrica y, sin decir palabra, empezó el concierto. Después de dos temas instrumentales que poco aportaron (es sabido, lo suyo es el teclado y no la guitarra) empezó el "show formal".
Con los primeros acordes de Flaca, las 7.500 personas que colmaron el Luna (obvia y ruidosa mayoría femenina adolescente) empezaron a encontrar lo que habían ido a buscar: las buenas canciones del bueno de Andrés. Si bien el show se basa en el material de su último disco Alta suciedad, Calamaro -desde Los Abuelos de la Nada hasta acá- tiene muchísimos temas para sostener un espectáculo. Y, con la música y la gente de su lado, comenzó con los primeros dardos verbales. Después de una excelente versión de Pasemos a otro tema, coreada por todo el público, el primer round fue contra el mercado discográfico: "Esta canción no se pasó nunca en la radio, no se hizo un video y, sin embargo ustedes la cantan y la hicieron éxito. Es un triunfo del producto rock", arengó.
Agradecido y emocionado, recordó a Carlos Monzón y Nicolino Locche, dos boxeadores que, antes que él, habían peleado en el Luna. Luego le dio pie a la nostalgia cuando invitó a subir al escenario al saxofonista Daniel Melingo, con quien hizo Costumbres argentinas (de Los Abuelos) y otro megahit, No se puede vivir del amor. "Si hubiéramos esperado un año, se cumplirían quince de cuando nos presentamos acá con Los Abuelos. Y Costumbres argentinas la grabamos tres de los que estamos acá; Melingo, Gringui (por Herrera, el guitarrista) y yo. Un saludo a Miguel, que murió hace diez años", siguió Andrés.
El segundo round fue contra quienes "nos dicen qué decir y qué hacer. Nada debería estar prohibido y menos lo que me gusta." El escenario, una obviedad, se tiñó de verde, rojo y amarillo (los colores de la bandera de Jamaica) y Calamaro pegó dos canciones, el reggae Aquí no podemos hacerlo y Loco, el tema del porrito.
Los Rolling Stones y Bob Dylan también estuvieron presentes. En medio de Me arde armó una versión de Flores muertas, un clásico stone y también se dio tiempo para colar unos acordes de Satisfaction. Con Dylan fue un poco más formal, tocó Do you Feel my Love, del último disco del estadounidense, y se dio tiempo para histeriquear con las chicas: "¿Les gustó el tema? Es la primera vez que lo tocamos. No siempre la primera vez es la mejor, recién nos estamos conociendo", dijo entre aullidos de fanáticas.
Y se dio unos cuantos gustos. Solo con su piano, hizo una delicada versión en inglés de Mundo maravilloso (la popularizó Louis Armstrong), con el tecladista Ciro Fogliatta tocó un blues de los años 20, Nadie te conoce (cuando estás mal), e introdujo El novio del olvido con la melodía de Alfonsina y el mar.
El último round es una lucha poco explícita. Durante el concierto Calamaro hizo referencia a la historia del rock argentino (tocó La balsa, de Nebbia y Tanguito, y Desconfío, de Pappo), pero jamás nombró a García o a Spinetta. ¿El hijo rebelde luchando contra sus padres? Por la calidad de sus canciones, ésa no es una pelea que Calamaro necesite. Sobre todo, después que el público lo unge ganador bastante seguido. Y a él se le notan los signos de aburrimiento después de cada batalla.
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