MARCELO SCORNIK
EL ROCKERO DETRAS DEL SALMON
| Carton pintado. El Cuinio Scornik y el salmón que "Tio Andres" les regalo a sus hijos. Ahora tiene banda propia, pero su fuerte es apuntalar a las creaciones de su amigo. |
La historia dirá que en los últimos años del siglo XX un tal Andrés Calamaro se dedicó a buscar la médula de la canción pop(ular) utilizando el "método kamikaze de composición frenética". Esto es, jornadas de hasta 72 horas sin dormir en una lucha desesperada por componer una canción más, antes que otro lo haga. De trescientos títulos registrados, 101 se distribuyeron a lo largo del quíntuple disco El Salmón, de los cuales 14 fueron escritos por Marcelo Scornik (El Cuino), único testigo de esta epopeya. Este es el aguante.
A tal punto llegó a compenetrarse la fraternal sociedad que una vez Calamaro hubo envasado El Salmón, lo llamó desde España para decirle: "Voy para Buenos Aires con TU disco".
Y... ¿Es tu disco?
No. Más bien es nuestro disco.
La amistad Scornik-Calamaro se remonta a la época en que compartían la primaria en la Escuela del Sol. Marcelo tenía 13 años cuando completó, en la misma jornada, la planilla "experiencia" en el rubro sexo, drogas y rock and roll. Fue durante el show de Santana en el viejo Gasómetro, tres años antes de que la familia Scornik tuviera que exiliarse en plena dictadura. El destino fue México, donde fue rebautizado El Cuino (Cerdo, en argot azteca) por su desmedido afán de vicios. "Me mimetizaba con todo lo que leía. Llegué a estar tan metido dentro de las novelas negras de Raymond Chandler que en vez de dormir en mi cama, me compraba una petaca y pasaba la noche en el auto de mi viejo. Si leía a Sade o los poetas malditos franceses, intentaba químicamente conocer las puertas de la percepción".
A la vuelta del exilio, se reencontró con Andrés y de amigo que es, le ayudó a cerrar la letra de su primer hit ("Mil Horas"), himno de cantobares y candidato a tema más difundido de la historia del pop argentino. La seguidilla seguiría con "No me pidas que no sea un inconsciente" (de Hotel Calamaro, 1984) y "No te bancaste" (de Por Mirarte, 1988), antes de una nueva separación: ahora era Calamaro el que hacía las valijas rumbo a España.
Siguiendo la cronología, para su reencuentro artístico con Calamaro hubo que esperar más de 10 años y fue a lo grande. Esta vez, co-firmando dos de los temas fundamentales del doble Honestidad Brutal: la desgarradora "Clonazepán y circo" y la ranchera que tuvo en voz principal nada menos que a Maradona. "El también es un salmón, pero los más grandes son los ex combatientes de Malvinas. Fueron contra la corriente, pusieron huevos, muchos murieron y sólo los recordamos cuando están en la parrilla o en el plato".
El hombre sostiene que hacer convivir el matrimonio con el estilo de vida rockero lo lleva a escribir de la forma en que lo hace. ¿Una forma de vida? "Más bien, una forma de día. Cada vez que llega el verano, instintivamente me separo de mi mujer y coincido con Andrés en algún lugar donde se graba y se compone", dice mientras relaciona uno de sus más desgarradores versos ("Dame un poco de tu amor/yo a cambio te doy una montaña de horror" de El Salmón) a la abstinencia afectiva. "No escribo sobre mí ni sobre Andrés: describo intensidades" apunta apurando un tequila y apretando el play que deja escuchar demos de su nueva banda, El Lazarillo deforme (donde además canta) y después da paso a El diablito, un tema que le cedió a Juanse, su nuevo compinche y futuro productor. Mientras tanto, sigue acuñando textos ("sobre Malvinas, sobre los fusilados de Trelew y sobre mi paso por la discontinuada cárcel de Caseros") con vistas al nuevo proyecto de Andrés Calamaro (El 22). Y seguir alimentando el mito que su amigo famoso le adjudica: "el mayor poeta desconocido de Buenos Aires" |