El Cantante
Andrés Calamaro

Por William Padrón

Descripción: Hace rato que Andrés Calamaro estaba oculto en sus propios conflictos humanos. Desde que editó “El Salmón” (2000), disco quíntuple –103 canciones-, todos sus tormentos, pensamientos y demás inquietudes compositivas estaban reservadas para el momento oportuno. Nunca se sabe cuán oportuno es él.

“El Cantante” se titula su más reciente producción discográfica, menos rockera en su concepción, pero muy rockanrolera en su postura y osadía.

Boleros, tangos, zambas y salsa, todas salpicadas de un flamenco de poca pretensión, sin mucho que buscar, es la fórmula con la cual arremete el ex Los Rodríguez en esta placa de versiones. “El Cantante” hace referencia el clásico tema de Rubén Blades, popularizado por Héctor Lavoe.

En esta nueva producción Calamaro hurga en sus propios gustos y preferencias, hace una revisión personal de temas que nuestros padres y abuelos tanto escuchaban: Carlos Gardel, Atahualpa Yupanqui, Chico Navarro, Roberto Carlos, entre otros. Sólo tres tracks han sido compuestos por Calamaro de la docena que componen el disco.

Este CD fue producido por el genio del flamenco fusión Javier Limón, responsable de gente como Paco de Lucía o Bebo Valdés.

A Favor: Calamaro reivindica influencias innegables de Latinoamérica, hace un repaso por el cancionero suramericano y recluta uno de los guitarristas de flamenco más impresionantes de España: Niño Josele –sobrino de Tomatico, el padre de las Ketchup-.

“Volver”, “Malena”, “Sus ojos se cerraron”, el triunvirato propiedad de Gardel sencillamente te podrían hacer llorar, odiar, o en el peor de los casos acabar de un sorbo ciertas tristezas del alma. Calamaro contribuye con tres composiciones originales –presentadas en mp3 en su pagina oficial antes de publicarlas en CD-: “Estadio Azteca” –primer corte promocional-, “La Libertad”, una de las pasiones carcelarias que atraen a este argentino, así como “Las oportunidades”, la mejor de las tres piezas creadas por este pibe. "La culpa es un invento muy poco generoso” refiere una de sus frases. “Algo Contigo”, aquella canción escrita por Chico Navarro y que Roberto Carlos hizo popular recibe un toque “calamaristico” digno de celebrar. Calamaro usa las palmas, el piano, la guitarra, el bajo, violín, una trompeta y percusiones en un escrutinio acústico que hace gala de su intrépida investigación para congregar sensaciones y reencuentros atormentados y pasionales de la mayoría de estos temas. “El Cantante” cierra con loables comentarios el disco, como si el propio Calamaro hubiese querido componerla. “Si no me quieren en vida, cuando muera no me lloren”.

En Contra: Aunque es una visión muy personal “Alfonsina y el mar/Zamba de mi esperanza"y “Voy a perder la cabeza por tu amor” no convencen mucho. A veces la oscura voz de Calamaro suena como la de un borracho adolorido en busca de protagonismo trasnochado. Definitivamente en “El Cantante” hay momentos en que no le llega el tono. Por supuesto que un disco como este, donde sus letras y arreglos atrapan, donde el despecho impera, todo esto pasa desapercibido. Sólo la lucidez da cuenta de este factor.

Veredicto: Seamos honestos, si nunca te gustó Andrés Calamaro, con este álbum lo vas a odiar más que nunca. Si eres acérrimo fan de este crooner vocalista, no te va a defraudar. Aquellos que ni se han tomado la molestia de oírlo, es una buena oportunidad para hacerlo. Lo único seguro es que Calamaro hace daño y con este disco es cómplice de diversidad de sensaciones cíclicas del ser humano. Es el mejor disco de versiones que he escuchado en mucho tiempo, supera los tributos a Sandro, José José, etc, aunque sé que no hablamos de tributos, sino de versiones, estamos seguros de que Gardel no estará revolcándose en su tumba o de que Rubén Blades no verá con desagrado a Calamaro. “El Cantante” puede ser la mejor manera de convivir musicalmente con los viejos, sin que sean atormentados por Limp Bizkit o Britney Spears... ¡Eso sí! Una botella no puede faltar. Ya sabemos que es nocivo ¿pero alguien en este país le hace caso? Calamaro al final resulta ser más nocivo.