CALAMARO, SOCIO DE LA SOLEDAD
"Cuando me tratan de drogadicto sube mi índice de popularidad"

En pleno Barrio Norte, el Sí! pasó una larguísima noche de vigilia en la que El Salmón defendió a muerte a Los Redondos y la emprendió contra los cacerolazos. Este es el hotel Calamaro 2002.

Entrevista: José Bellas.

Andrés? Un fenómeno. Pero los vecinos de una cosa así te hacen algo así". La diferencia entre los "así" del portero del edificio donde vive Andrés Calamaro (Barrio Norte, a una cuadra de Av. Las Heras) es grande. Ahora las denuncias por "ruidos molestos" ya no corren y los del consorcio se acostumbraron a que la estrella de rock del último piso siga su búsqueda incansable de la próxima canción, una competición que lo tiene de rehén en una pieza de 2 x 3. Ahí, entre una portaestudio, un teclado Roland, guitarras, bajos, partituras y media docena de rosas secas que ya son puro cardo, Calamaro trabaja sin red. Su último desafío es hacer sus tomas en una sola cinta, un método que lo obliga a perfeccionar o desechar las 5 o 6 canciones por día. Cuando entro está ajustando una versión del tango Sur, cantando con voz de alcaloide "Ya nunca me verán como me vieran". "Los poetas del tango son buenos, pero lo tienen a Troilo que es nuestro Dios. En Sur, además de tener la palabra ''muerte'', se rima ''querella'', ''Pompeya'' y ''estrella''.

—¿Muerte? Todo el disco "El Salmón" es una historia terminal y hasta hiciste un tema llamado "Mi funeral 11"...

—La primera vez que hablé de "Mr. M" fue en un disco de Los Rodríguez. Ahí le empecé a dirigir la palabra. Le tengo respeto, no la tuteo: se llevó tantos amigos queridos... Yo soy del 61. Del 60 son, agarrate, Lanata, Maradona y los desaparecidos más jóvenes. Del 62 son los combatientes de Malvinas. Bin Laden es del 57.

—¿Y los del 61?

—Primero, nos salvamos la vida de pedo. Segundo, nunca se nos consideró útiles para cambiar el mundo. ¿Sabés por qué? Somos la quinta del sexo, drogas y rock and roll. Hasta la izquierda se comporta de una manera cristiana frente al trío.

Agarra un cd de una carpeta donde hay 30, lo pone y empieza a grabar en un casete lo que va a ser su próximo disco. Dos horas más tarde, me entrega dos cintas con casi tantos temas como los 103 que envasó en el quíntuple El Salmón. El mismo les pone título con birome a los casetes: "No hay revoluciones sin guillotina" y "Poetas de la concha". Durante todo este tiempo trato de pensar como lo pensaría a El Salmón un crítico grosso como el yanqui Greil Marcus. "La obra no hace más que recordarnos que algunos de los momentos más significativos de la cultura argentina de los últimos cinco años tienen el formato de la exageración: las 1300 páginas del mundo que Alberto Laiseca inventa en Los Soria hasta las cinco horas de Esquizopeña, pasando por los 3 tomos de La Voluntad (Caparrós-Anguita), los 5 videos de Perón, sinfonía del sentimiento (Leonardo Favio) y los 87 discos de Reynols".

Muchos de los temas que me grabó tienen el empuje rockero de Los Redondos, clave "Ji Ji Ji". El más vibrante de todos, "El 22", es una fábula que une las muertes de Gardel y Julio Sosa con la masacre de presos políticos de Trelew (1972). Otro se podría llamar "Al cuaderno", un temazo con destino de hit. Si todo sale bien, 18 de estos temas conformarán un nuevo disco de Andrés Calamaro. Será (¿será?) su regreso al formato de único disco del exitoso Alta Suciedad (300 mil copias vendidas, 97), al que le dio la espalda con un doble que cuenta como obra maestra (Honestidad Brutal , del 99) y un quíntuple (El Salmón del 00) con el que pateó el tablero en lo que respecta a lo que se supone debe ser la relación entre una estrella de rock, sus fans, su compañía discográfica y la prensa.

Acrecentando el riesgo artístico, que lo consolidó como el compositor más importante de los últimos 20 años, consiguió menores ventas y mayores críticas. Dejó de tocar en vivo, su salud pasó a ser tema de debate amarillista y patentó el método de "animalización" que consiste que consiste en ponerle una bomba al almanaque y componer hasta desmayar. Casi sin salir de su casa, no sólo compuso más de 500 nuevas canciones ("La mayoría, postales tumberas y montoneras"), sino que en los últimos 12 meses reflotó la carrera de Ratones Paranoicos co-firmando "Para Siempre", le dio envión anímico a Turf, cedió dos inéditos al programa Detrás de las Noticias ("El Perro" y "Caseros K.O."), le puso música al nuevo comercial de Sprite y se involucró con Carca, Los Calzones, Luciano Pereyra, Estelares y Ráfaga.

"Para hacer El Salmón, tuve dos influencias. Una fue el Capitán Ajab, el que perseguía Moby Dick. La otra, (el cineasta) Orson Wells, porque quería destruir la industria". Sobre el tema, expone un manifiesto cuyos puntos salientes son:

—"Quiero apoyar públicamente la piratería. El Salmón está hecho para que se venda al mismo precio que un pirata. Eran cinco discos al precio de uno y medio. ¡81 canciones originales en castellano tiene! ¡¡¡Y tengo que oir la mierda de los fans de 14 años y los colegas diciéndome en la cara ''prefiero un disco solo''!!! Ir contra la corriente está pasado de moda.".

—"No quiero salir a tocar si no siento que voy a dar el mejor concierto de mi vida".

—"Con los poetas de la zurda (Jorge Larrosa y Marcelo Scornik) vamos a ir a Cuba a estudiar la sociedad de no-consumo. Ellos tienen corralito, pero no tienen consumo".

Aunque defienda la piratería, en estos días está por firmar un abultadísimo contrato editorial de toda su carrera. ¿Cómo es eso? "Llevo años vendiendo y ni una mancha en la pelota. ¿Qué es esa mierda de que los músicos tengan que vivir de las giras?. Yo vivo de mis derechos de autor, porque no soy un autor de derecha".

—¿Hasta donde llega tu compromiso con "la zurda"?

—¿De que lado está el corazón? Derecha e izquierda son cosas que en la vida sirven para orientar. Somos un pueblo que sigue creyendo en las Nike. En los últimos años, el pueblo-maravilla pensó que había que admirar a los que se divertían más.

—¿Con Charly no te peleás más?

—Una vez le pregunté a mi amigo Fernando Redondo si algún jugador del Real Madrid fumaba porro. Y me dijo: ''Puede haber uno que sea travesti, pero vos no te vas a enterar''. Son códigos y en el rock hay uno irreductible: lo que se hace en una gira o en una sala, no se dice. Cuando me acusan de drogadicto, sube mi índice de popularidad. Lo único que importa es lo que me dijo Mariano Mores, ''vos sos un compositor, los demás son rockeros''.

—¿Quiénes son los rockeros, entonces?

—La banda más ejemplar de la historia, Los Redondos. Son los únicos que entendieron que el rock y el fútbol juntos es una traición. Maradona poniéndose la remera de Boca para complacer al pueblo-maravilla ya es una traición. Todo el tiempo tengo ganas de tocarle la puerta al Indio Solari en Parque Leloir. Dylan y Los Redondos existen para que a las bandas les dé verguenza eso de no decir nada en las letras... ¡¡y sacar dos, tres, cuatro, discos!!

Teléfono.Era una chica. "Me pidió que si voy a verla le lleve un tema ¡Qué cursi! ". En seis minutos toca el adagio de Albinoni, samplea a John Carpenter, mete una base dance ("que quede bien Pachá") , grita "¡Cumbia Villera!", toca una criolla. Ecualiza, mezcla y listo. Antes de irse le deja al grabador el monólogo del final.

"Les habló el Comandante Ranchito Dignidad, en el rodaje de su película autobiográfica Consumidores Finales. Desconfíen de los vecinos de la esquina de Cabildo y Cacerolazo: son los primeros que llaman al patrullero. Y hablo como músico, no como persona. No dejen de escuchar ''Superlógico''...". ¡Corten! Se imprime.