"Esto es insoportable"

Dice que le da miedo escuchar sus nuevas canciones. No ve televisión ni lee los diarios. Solamente se dedica a componer. El Salmón, su disco que saldrá en noviembre, será quíntuple y tendrá 103 temas.
 

Lo primero que se ve cuando se abre la puerta del piso cuatro del edificio de la calle Pacheco de Melo es a un caballero con cinco discos compactos en su mano izquierda. Esos discos contienen las famosas 103 canciones: Andrés Calamaro sostiene el material; el náufrago se continúa en su balsa.

Tiene cara de recién despierto. Tiene una delgadez impactante. Tiene una obsesión que lo obnubila: esas 103 canciones. Hace pasar a su casa porteña : una casa reciclada, con un piano rojo en el centro y varios entrepisos; e invita a sentarse exactamente a 20 centímetros de donde espera un modesto equipo musical. El equipo está esperando que el dedo de su dueño se dirija al play. Calamaro quiere hacer escuchar El salmón con la ansiedad del juguete nuevo.

Mucho se ha dicho del estado de Andrés Calamaro en estos últimos meses. Se ha dicho:

· Que estaba irascible.
· Que no dormía.
· Que estaba tomando muchas drogas.
· Que se peleaba con los vecinos.
· Que corrió a más de uno con un bate de béisbol.
· Que con ese mismo bate destrozó el piano.

El músico se muestra afable y apasionado. El piano, sí, está roto y cubierto con una sábana. Mientras habla, Calamaro gira en círculos por el living. "El salmón fue hecho al influjo de Miedo y asco en Las Vegas, la novela de Hunter S. Thompson que fue llevada al cine por Terry Gilliam. Ahí hay una frase que puede explicar todo: Quien se comporta como un animal, se libera del dolor de ser un humano"

Fear and loathing in Las Vegas o Pánico y locura en Las Vegas, la película, es una gran oda al ácido lisérgico: una psicodelia barranca abajo interpretada por Johnny Depp y el genial Benicio del Toro. "Me comporté como un animal. Me convertí en hombre lobo. Vendí mi alma."

- ¿Por qué?

- Fui víctima de la música. Durante todo este proceso seguí una consigna: no dejar jamás de escribir una canción mientras haya una canción para escribir. Me di cuenta de que estar despierto a la madrugada sirve para escribir la primera canción del día, antes de que la escriba Sabina. Todo esto es un experimento.

- ¿Qué experimento?

- Es la música del nuevo milenio. Muchos colegas huyeron, desaparecieron. Uno espera mucho más de lo normal a que la música llegue. Yo no tengo la culpa de la pereza de mis colegas. Es como si yo tomara un taxi y le dijera al taxista: A la 9 de Julio. Y el tipo me responda: Hoy no, Andrés. No estoy inspirado. Por todo esto, abandoné la vida pop.

- ¿A qué llamás "vida pop"?

- La vida según Andy Warhol. La televisión, el porro, la milanesa, la fiaca, la charla jovial... todo eso nos quita muchas horas. Incluso dejé formas más sofisticadas que yo cultivé intensamente, como la ropa, las giras, el éxito, los restaurantes. Ahora sólo compongo.

- ¿Extrañás esa "vida pop"?

- No, estoy haciendo canciones. ¿Extrañás algo cuando hacés el amor?

- ¿Por qué El salmón?

- El salmón fue el último título. La del salmón es una gran demostración de la prolongación de la especie, de la vida. El viaje agotador del salmón, contra la corriente. El salmón no se rinde. Es épico. Como Cristóbal Colón, como el rodaje de Apocalypse Now, como el capitán de Moby Dick. Se iba a llamar Paraísos perdidos, que era más una onda entre Borges y Cioran.

- A veces parecés un tipo inmolado por hacer tu música.

- (Piensa, se pone serio.) Sí... estoy obsesionado por hacer música de este milenio. No sé... inmolarse es religioso. Yo soy un soldado. Un kamikaze. También un canalla, como los de Miedo y asco en Las Vegas. Yo empecé esto haciendo grabaciones caseras, en casetes TDK. No sabía que iba a tomar estado público.

- ¿Y por qué lo editás?

- Creo que edito discos para no tener que escuchar nunca más esas canciones. Esto es insoportable: ayer estaba escuchando canciones nuevas y me asusté. Todos sabemos lo malo que es tener conciencia. Yo me estoy dando cuenta de todo. Convivo con el terror.

- ¿Por qué?

- En algunos temas hay una energía comparable a la de matar a alguien.

Calamaro dice que no quiere hablar más de la cuestión ("me temo que un día de estos voy a terminar confesando un crimen..."). Se lo ve perturbado. Afirma que Alta suciedad fue "un disco instrumental, entre comillas". Que Honestidad brutal era "un disco sentimental, en el cual demostré que se pueden evitar los estribillos. De algún modo, es un disco conmovido y sacudido por sí mismo. El salmón es menos resignado, quizá más optimista, más rock and roll".

Ahora sí, invita a escuchar el disco. Busca su lugar preferido: un cuartito en un entrepiso dominado por un afiche de la película Fuckland. Hace comentarios de cada tema. Se posesiona. Toca la batería en el aire. Se lo ve feliz.

Pasan las canciones. El salmón ("una canción de vampiro junkie"), Días distintos ("¡la música es igual a Sin documentos!"), Tuyo siempre ("muy importante: como un equipo donde juegan Aimar y Riquelme juntos"), Nos volveremos a ver (un bolero "con letra de mi amigo Jorge Larrosa"), Gaviotas ("¿Que acá canto como Lennon? Todos cantamos como Lennon. La vulnerabilidad de la voz, la inseguridad"), All You Need is Pop ("¡Iggy Pop!").

El salmón tiene la participación clave de Marcelo Scornik como autor y coautor de las letras de 30 temas. Hay, también, una gran cantidad de versiones: Cafetín de Buenos Aires (Mores-Discépolo), Time is on my Side (Norman Meade), Laura va y Durazno sangrando (Luis Alberto Spinetta), Barrio de tango (Troilo-Manzi), Under mi Thumb (Jagger-Richards), The Long and Winding Road, Oh Darling!, Sexy Sadie y I Will (Lennon-McCartney), No Woman No Cry (Bob Marley), Los ejes de mi carreta (Atahualpa Yupanqui), Cocaine (J.J. Cale).

Toma coca light y fuma. Muestra otro cuartito, que tiene un póster de Muddy Waters. Es un gran hablador. "En todo este período me sentí Drácula; como que había vivido 200 años", dice y cuenta un sueño. "Ayer. Fue raro. Por un lado soñé con un torero, el Curro Romero. Y también con un cara que no pude identificar. Uno sueña con caras que ya conoce, pero que necesita definirlas. Es como un casting de los sueños, ¿no?"

Andrés Calamaro mira con una sincera desilusión: "¿Ya te vas?". Hombre acostumbrado a rastrillar un amplio abanico de temas (fútbol, política, literatura, rock) hoy su interés se centra en ese paquete de discos que, de un u otro modo, va a convulsionar el mercado. La monumentalidad incomoda.

- Por momentos, ¿no pensás que estás corriendo una carrera?

- Una carrera... Sí, una carrera a la nada. La música del nuevo milenio.

- ¿Estás perdiendo el humor?

- No. Solamente estoy un poco aturdido.