"Odio los hits"

En su nueva casa española, el músico reivindica su descomesurado método de producción: dice que ya tiene más de 200 canciones nuevas para editar. Y no descarta volver a Los Rodríguez.

 

La imagen de Andrés Calamaro que avanza con una pila de discos compactos grabados se está volviendo un clásico de las entrevistas. "Mis nuevas canciones", dice el músico, con la naturalidad de los insolentes. Justamente la insolencia de las 103 canciones de El salmón aparece ahora minimizada frente a la cantidad de demos y maquetas que van a integrar su próximo disco que hasta la semana pasada tenía un título.

- ¿Qué? ¿No se llama más El 22?
- No, porque se tendría que llamar El 22 mil. Las canciones siguen saliendo: tengo más de 200. Pero no quiero hablar de esto, porque parece algo deportivo.

- ¿Y cuál es el nuevo título?
- El tilín del corazón Ese sonido, eso que retumba en el corazón, ¿no?

Andrés Calamaro está de nuevo en Madrid, estrenando un semipiso del aristocrático barrio de Salamanca. Es curioso: ciertos modales y rutinas excesivas y el caos del departamento lo acercan a su archienemigo Charly García. Definitivamente, se puede hablar de la charlygarcización de Calamaro. Si García está atrapado en la confusa red sonora Say No More que el insiste en darle la categoría de concepto, Calamaro navega en su incontinencia compositiva sin medir resultados artísticos ni consecuencias comerciales. "A mí se me considera un demo master, un tipo con una gran habilidad para las pequeñas grabaciones. Y está bien. También se me considera alguien capaz de hacer hits. Yo odio los hits. La canción que se destaca a mí me caga. Necesito que me escuchen entero.

- ¿Vos escuchás tus discos?
- No, no puedo. No me lo permito. Me da vergüenza. Algunos temas me provocan una emoción... que me hace daño. El tilín del corazón.

- Y cuando escribís, ¿qué te pasa?
- Lo mismo. Me emociona. Con Marcelo (Scornick) y Jorge (Larrosa) —mis queridos amigos poetas— llegamos a niveles muy profundos. Marcelo está en un tren muy montonero, patria, lucha, Trelew, los estudiantes secundarios en Ezeiza. Quiero leer Galimberti. Me interesa mucho esa época. Creo que el rock and roll y todo lo que eso implica salvaron a muchos chicos de la muerte. Los freaks, por ser freaks, se metieron en el rock en vez de ingresar a las filas de los Montos. Jorge en cambio está metido con la temática carcelaria. Los presos, los códigos, la moral de la cárcel.

El departamento tiene seis teclados ahí en el piso, un libro de acordes de canciones de Los Beatles, un par de vinilos de Bob Dylan, una guitarra, un bajo, un piano y un grabador. Su novia Manuela llega con sus espléndidos veintipico cargada de bolsas de la tienda. Son las dos de la tarde, en la calle un solazo tira baldes de fuego pero ahí, en ese semipiso de la calle Hortaleza, se está desarrollando una noche vertiginosa y eterna. La penumbra es total. En las tinieblas, Calamaro se mueve eléctricamente. Enciende un velador, toma coca cola light y no para de hablar. Muestra la tapa de uno de los CDs donde se pueden leer los títulos provisorios de las nuevas canciones. Algunos son realmente graciosos: Azteca, Bachicha, Ramales, Sabandija, Alitas, Superjoint, Argentinos, Tilín, Bandera, Toreros, Con-Ina, Carnavales, Tablada, Paraguayos, Remedios, Recuerdo, Cuadril, Curdita, Cornisa, Belcebú, Panchito, Caracú, Asador.

- ¿Cómo toma tu compañía discográfrica el hecho de que, otra vez, como en El salmón, tengas tantas canciones?
- La compañía está para acompañar. No sé, primero me gustaría que escuchen el material para que sepan de qué estamos hablando.

- Tu sello, Warner, está preocupado. Quisiera que vuelvas a hacer un disco ortodoxo, como Alta suciedad.
- Si están preocupados no se los doy y listo. No voy a pedir por favor que me editen un disco. Por otra parte, una persona que juzga un álbum sin escucharlo, apenas por la cantidad de canciones, es mi peor enemigo. Y le estoy deseando la muerte.

Más allá de los deseos, lo concreto es Warner tiene intenciones de editar un compilado con El perro —el tema de apertura del programa de Lanata— como punta de lanza y, después, tratar de cualquier forma que Calamaro vuelva a la senda de Alta suciedad con shows en vivo, notas de promoción y todos los compromisos que suele tener un músico que es prioridad comercial de una compañía.

- ¿Qué te pasó después de Alta suciedad?
- Seguí haciendo discos.

- Pero antes tenías un criterio profesional. Incluso vos fuiste productor artístico de Don Cornelio y Los Enanitos Verdes, entre otros. Hacías la tarea de ordenar y pulir canciones, algo que ahora no hacés con tu propio mate rial. ¿Qué pasó?
- Después de Alta suciedad me di cuenta que era otro tipo de músico. Me di cuenta que la canción no es más que un envase, y que lo importante es tener un repertorio rotundo. Tenía que reaccionar ante la insoportable levedad de la canción. Y quería entender claramente por qué no existen canciones malas: ¿cómo vas a acusar de maldad a una canción? Se escribe como se vive, se hace música como se vive. Yo estoy permanentemente tocando, o tomando, o charlando sobre música, como ahora. Soy músico todos los días y quiero que mis canciones tengan un gesto verdadero. ¿Se entiende? Me interesa la verdad. A veces tengos deseos de matar a alguien. A veces, con Jorge y Marcelo llegamos a lugares muy jodidos, tumbas. Momentos en que todo se vuelve muy pesado.

- ¿Por qué?
- Hacemos una especie de psicoanálisis suicida.Es el bajón. Cuando te das cuenta de todo.

- ¿De qué te das cuenta?
- La otra vez estuve pensando cuándo fue la última vez que vi a Polo Corbella (n. de la r.: ex baterista de Los Abuelos, fallecido recientemente). Me emocioné. Lo mismo me ocurre cuando me acuerdo de Julián Infante, otro muerto querido.

- Con la muerte de Julián Infante se terminaron los rumores del regreso de Los Rodríguez...
- Sin Julián no serían Los Rodríguez.

- ¿Volverías a tocar con Ariel Rot?
- Sí, siempre es un placer tocar con Ariel. Si volvemos a hacer algo parecido a Los Rodríguez va a ser en honor a Julián.

- ¿Por qué te resistís a tocar en vivo?
- Porque no salgo de mi casa.

- ¿Extrañás tener una banda?
- Un poco sí. Por eso volvería con Los Rodríguez. Para mí fue un milagro cuando, al borde de los 30 años, empezamos de cero con Los Rodríguez. Llegábamos hasta los arrabales de la mística del rock y, a veces, a la mística misma

- ¿Qué hacés acá en Madrid?
- Es lo mismo estar en Madrid o Buenos Aires. Vine porque tenía que arreglar algunos temas impositivos. Yo tengo domicilio fiscal aquí. Pero Madrid o Buenos Aires... más que ciudades son departamentos.

Andrés Calamaro se para y pide orejas para escuchar su discurso y sus canciones. Combina la vehemencia con la ternura, la impiedad con la desolación. Se lo ve triste, extenuado pero altivo, cuando dice: "No sé qué sacarás de todo esto. Pero quiero que sepas que todo lo que hago lo hago para los resentidos del planeta. Las ovejas negras del mundo".

 

Yo, argentino

Después de Moris y de los Tequila Alejo Stivel y Ariel Rot, Andrés Calamaro fue el principal embajador rocker en España. Ahora, que la Primera Semana Argentina en Madrid mostró la cantidad argentinos que pululan por la ciudad, el músico dice que "no siente que me estén pisando el jardín" . "Mejor que haya mucho rock argentino por aquí. Aunque sean estéticas que a mí no me interesen".

Sin embargo, muestra cierto fastidio con todo lo que simboliza "lo argentino". "¿Qué es ser argentino? —se pregunta—. ¿Un vecino que te buchonea, un tipo que pasa con una camiseta de Batistuta, un porteño que escucha la gloriosa versión de Julio Sosa, el Varón del Tango, cantando Cambalache? No lo sé".

Cuando Calamaro no sabe algo, lo muestra con música. Va entonces al modesto minicomponentes, busca en la pila de CDs, saca un disco, lo pone y pide: "Escuchá".

Lo que se escucha es una suerte de cumbia, probable hit de El tilín del corazón, titulada —al menos por ahora— Argentinos.



No hay peor argentino que su propio asesino
No hay argentino mejor si no hay otro peor.
Si no tengo historia es que tengo tradición
Será que no tengo memoria, ni mucho corazón.
Si soy del Interior no estoy adentro
¿Qué futuro me espera, si gobiernan desde afuera?
En la Capital, combatiendo al capital
El orgullo nacional, ganar el Mundial en el Monumental
Somos los argentinos en tercera persona,
¿será que estamos en la lona que nos quieren boxear?