Diario Página 12 , 28 de agosto de 2000


ANDRES CALAMARO ANTICIPA 
LA INMINENTE APARICION DE SU NUEVO QUINTUPLE DISCO, “EL SALMON”

“Este disco terminará con la mentira de los músicos”

Con 39 años recién cumplidos, el músico que reparte sus días entre Madrid y Buenos Aires editará en octubre su obra cumbre (o al menos, la más extensa de todas). Casi obligado a componer entre cinco o diez canciones por día, Calamaro insiste en mirar esta producción tan prolífica como algo normal o, más bien, como algo necesario para su propia estabilidad mental.

“El salmón” es el título de un tema que forma parte del quíntuple cd, que aparecerá en octubre. La frase de la canción es “Siempre seguí la misma dirección / la difícil la que usa el salmón”.


Por Martín Pérez
 “¿Vos no escribís una nota por día?”, es la pregunta con la que el entrevistado golpea primero. “¿Y entonces qué tiene de raro que yo escriba una canción por día? Si te sorprende es porque los artistas suelen ser unos vagos. Yo no lo soy. Y escribo más de una canción por día. He llegado a hacer cinco, y hasta diez... Porque si escribo sólo una, estoy a apenas un día de dejar de escribir una canción por día. Y eso sí que me da miedo”, dice Andrés Calamaro desde lo profundo de Deep Cambodia, el diminuto cuarto devenido en estudio casero, estratégicamente ubicado bien al fondo del entrepiso de su hogar, en pleno Barrio Norte porteño. 
Apenas un par de cuadras más allá, al lado del cementerio de Recoleta, el multiplex más lujoso de Buenos Aires exhibe los últimos films de las distribuidoras más poderosas. Un par de cuadras más acá, y sin pochoclo de por medio, un artista tan desgarrado y excitado como Christopher Walken en El francotirador expone de pregunta en pregunta –con la contundencia del percutor gatillando en la recámara vacía– la lógica de su tormenta perfecta. Un vendaval compositivo que le ha ido llenando las manos con compacts y más compacts repletos de canciones compuestas y grabadas diariamente en el caserísimo grabador de cuatro pistas que preside el cuarto, ante la mirada paternal de Muddy Waters, Goyeneche y The Rat Pack –aquel quinteto de estrellas de Las Vegas liderado por Frank Sinatra y Dean Martin– desde los posters que adornan sus paredes. 
“Nunca me había pasado algo así”, confesaba Calamaro hacia fin de 1998, cuando el estallido compositivo que lo acosaba desde ese año nuevo lo estaba conduciendo directamente a Honestidad brutal, dos compacts (que hubieran llegado a tres discos y medio en el mundo del vinilo) con treinta y siete canciones, su particular respuesta al éxito del multivendedor Alta suciedad. La actualidad del ex Rodríguez y ex Abuelo de la Nada, sin embargo, anuncia que aquello no fue un final sino el comienzo. Si por entonces bromeaba con que “el nuevo disco tiene que ser quíntuple, así Dylan se va a enterar” (y luego dijo que “cuando quería que el disco fuese quíntuple estaba loco, pero era un loco trabajando”), hoy la noticia es que Calamaro ha duplicado la apuesta. Y se ha terminado por tomar en serio su desafío. Esta vez su nuevo disco, efectivamente, será quíntuple. Un nuevo disco que son cinco, cinco discos que son uno. O al menos eso es por lo que aún lucha el artista, ante la idea de su compañía discográfica de editar también el primer disco de los cinco, por separado. ¿El nombre del flamante álbum, a editarse en octubre? El salmón. ¿Por qué? Por una frase del tema que bautiza la placa: “Siempre seguí la misma dirección / la difícil la que usa el salmón”. Algo que muy pocos están en condiciones de discutirle. Y mucho menos ante el inminente ataque de un ejército integrado por cien –tema más, tema menos– nuevas canciones. 
“A la hora de mirar atrás, el marinero no piensa en los días del reposo tranquilo en su casa, sino que recuerda con orgullo sus desafíos en el mar”, intenta explicarse. “Así que aquí estoy yo de nuevo, otra vez en el mar. En los años en los que estuve tranquilo, no hacía más que mirar televisión y componer diez o doce canciones por año. Y eso no es vida”, asegura Calamaro, que desde hace poco más de una semana está anclado en Buenos Aires, recién llegado de Madrid con el primer esbozo de lo que será su próximo disco recién terminado y esperando turno para viajar a masterizarlo a Estados Unidos. “Sucede que los maestros del mastering tienen la agenda completa, y sólo les queda libre una jornada aquí y allá. Pero yo tengo cinco discos...”, celebra y se resigna a la vez. Lejos de estar esperando ocioso que llegue el momento, ha encontrado tiempo en Buenos Aires para celebrar de la manera más íntima su cumpleaños número 39 el pasado martes, así como para hacer un breve acto de presencia en el lanzamiento de Quitapenas –el segundo disco solista de su hermano Javier–, realizado en el Hard Rock Café, y para tocar con los Ratones Paranoicosen Museum, el pasado fin de semana. “Fue divertido”, cuenta. “Cuando subí a tocar ‘Satisfaction’ les pregunté ¿qué tema es? ¿en qué tono está?”, recuerda, divertido. 
Pero más allá de su actividad fuera de casa, lo que sigue funcionando en su hogar porteño es la máquina de hacer canciones. Mientras un packaging casero con los cinco compacts de El salmón –artesanalmente construido con restos de otros compacts y dibujos caseros que recuerdan aquellas viñetas de los discos de Pescado Rabioso–, espera por las decisiones empresariales (y artísticas, de ser posible), por su correspondiente mastering y terminar de ser empaquetado con el arte apropiado. Las manos de Calamaro han vuelto a llenarse de canciones grabadas en el mismísimo lugar donde comenzó todo, y donde todo sucede. En Deep Cambodia, donde es posible preguntarse –tal como reza la penúltima de sus grabaciones– “¿Cuántas veces sale el sol en un día?”. “Quiero hacerme a un lado de todo, salir de la máquina”, susurra Andrés. “El año pasado agarré mis canciones y me junté a escucharlas con una pareja amiga, y les decía: ‘Estas canciones las vamos a escuchar sólo nosotros’. Y, la verdad, a veces me gustaría que así sea.” 
Así sucedió, por ejemplo, con la mayoría de las “Canciones turras”. ¿Qué son las canciones turras? Los hits perfectos marca Calamaro, estribillos que toman por asalto el cerebro del oyente como un virus y se niegan a salir de allí. Durante el activo verano porteño pasado, en el que se gestó El salmón, Calamaro supo esgrimir todo un CD etiquetado con ese nombre. De aquellos virus, sin embargo, sólo ha sobrevivido uno: justo el tema que queda sonando en la oreja del atrevido visitante que se someta a escuchar los cinco compacts definitivos, de un tirón. “Pero ya les he dicho a los de la compañía que si este tema va como simple, yo lo saco del disco”, advierte. ¿Por qué? “Porque yo sólo quiero verdades en mis canciones, y esta canción es mentirosa.” 
Las verdades de Calamaro van de la justificación del ojo por ojo contra los responsables de la sangrienta dictadura militar de Videla y compañía hasta el verso “¿Qué tiene de malo meterse una raya de coca? Cualquiera lo hace”. Esos son los extremos, claro. Hay mucho más, por lo general liquidado en poco más de dos minutos. “No sabés la cantidad de cosas que se pueden decir en dos minutos de canción, sin perder tiempo en el estribillo y en los solos”, revela. A pesar de que el primer disco –ese que quiere sacar su discográfica de manera separada– está repleto de melodías contagiosas, coros de tribuna y hasta joyas confesionales como “Mi funeral” (versión once –“la de bronce”– de un casero CD estival repleto de funerales), es recién con la escucha de los otros discos que se completa el panorama heroico desde el cual Calamaro quiere dejar en claro su estado. “Este disco va a terminar con la mentira de los músicos y con el mito de las megaproducciones”, se entusiasma con el correr de las canciones, casi todas grabadas en su cuatro canales casero, y con las mejores tomas vocales registradas en un humilde y golpeado micrófono Shure que Andrés señala orgulloso durante cada canción. El toque final a la avalancha de temas nuevos –hay de todo: confesionales, (des) enamorados y hasta enojados– son los covers que asoman aquí y allá en los cinco discos. Lo mejor son los tangos, que Andrés demuestra cantar mejor que nadie. “El año pasado estaba obsesionado con hacer la música del siglo XXI, hasta que al final me di cuenta de que esa música son mis propias versiones de los tangos de siempre, grabadas sin pretensiones de cantante”, explica, y acierta. Entre los demás temas ajenos asoman dos de Spinetta (“Durazno sangrando” y “Laura va”) , uno de Vox Dei, cuatro de Los Beatles, dos de los Stones e incluso un “No woman, no cry” devenido en himno dance que ya envidiaría la mismísima Madonna. “Había hecho una versión así de ‘La bestia pop’, pero me pareció demasiado”, se disculpa. También recuerda que este disco debió llamarse “Paraísos perdidos”, pero que el nombre se perdió apenas comenzó a remezclar los temas en un estudio de Madrid. “Ya recuperaremos esos paraísos”, promete. Por lo pronto, en octubre llegará el momento de El salmón. Que abre con un primer tema firmado por Marcelo Scornik –su co-compositor desde la época de “No me pidas que sea un inconsciente”, que en este disco ha aportado lo suyo– que reza: “Quiero arreglar todo lo que hice mal”. Por lo pronto, Calamaro ha terminado por cumplir el sueño de los cinco discos de un solo golpe. Ya llegará la hora de todo lo demás. 



Anticipo de lo que viene

(Un poco de) Diente x diente 

Que placer imaginar venganza contra para militar/ urgente justicia divina / porque viven en la casa de la esquina/ no la podría incendiar y quedarme escuchando gritar / a tola la familia y oír el ruido de rotas derrotas / odio independiente ojo por ojo diente por diente / entra tanta canción de amor quiero una de justicia / es el sabor de la venganza nacional / el plato frío así me río mientras frío los huevos de un picanador / merecen un poco de dolor / hay que respirar la historia / y cada tanto reviente alguno para conservar la memoria / aciertan y que sangre sangre celeste y blanca / aunque cueste quebrar varias leyes y pecados capitales / desparramar los sesos de los bigotones que para eso también son mortales / pobre país, perdiste una generación de gente buena / vale pensar que somos diferentes clases de animales / y exterminar con seriedad con frialdad y devolverte la dignidad / ay país / acá sólo deberías tranquilos sabiendo que existe / la respuesta del viento el aliento doliente y el diente por diente / que sople el huracán y con el volar / el buque es de un coronel / y levantar la frente bestialmente con un poco de diente por diente / con un poco de diente por diente.

Esta es una transcripción provisoria (aún con algunos errores por corregir), copiada de una enorme carpeta anillada que contiene las cien letras de El salmón, el próximo disco de Andrés Calamaro.