El salmón después del salmón


"Poné el dedo tres". "Poné el dedo uno". "Poné el dedo cuatro". Y así. Estas frases que fuera de contexto pueden parecer parte de un diálogo pornográfico (o, por lo menos, proctológico), son muchas de las más escuchadas desde fines del 2000 hasta hoy en la redacción de esta revista. Es que desde que Andrés dijo que cada uno de los cinco discos de El salmón eran parte de una mano, así andamos, con eso de los dedos. Después de mucho insistir, Andrés Calamaro nos dio bola y nos recibió en su casa, en la esquina de Pacheco de Melo y Junín, barrio Norte, Buenos Aires. Allí estuvimos doce horas en las que escuchamos unas 50 canciones, la mitad de ellas brillantes. Lo que sigue es una crónica de esa visita, dividida en cinco dedos y 103 tracks; igual que el disco El salmón. Preparen las branquias y olvídense de dormir.

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1. Tocamos el timbre. Abre Andrés, que está con Manuela, su joven y hermosa novia. Entramos.

2. "¿Que si todavía me interesa editar discos? Hay más que interés. El buen espíritu de la edición de discos es un trato, un trabajo agradable. Hay un montón de equivocaciones en la industria discográfica, pero hay que respetar la edición de discos. Partamos de la base de que un disco es cualquier cosa redonda y chata, sí, pero también sepamos que es la introducción a la música, al rock. Un disco es sagrado".

3. Nos acomodamos en el living. Andrés en el sillón principal, rodeado por su
teclado, el equipo de música, una caja llena de CDs -todas canciones nuevas suyas-, y un par de guitarras y bajos que están contra la pared.

4. "Editar discos la única actividad musical que me interesa, por el momento, y no sé por cuánto tiempo más va a ser".

5. Pablo se sienta en un sofá grande, a la izquierda de Andrés, y Javier en otro
sillón, del otro lado del teclado. Las persianas del departamento están bajas, pero por algún lado entra la luz de la tarde.

6. "Las sesiones de grabación últimamente vienen teniendo más intensidad que cualquier otro momento musical. Tuve compromiso con una forma poco standard, kamikaze y generosa de grabar. Con los músicos y los técnicos grabamos más allá de la tecnología, en plan banzai, brutal. Fue un poco destructivo intentarlo".

7. Charlamos. Bah, Andrés habla y nosotros escuchamos. Cada tanto metemos
un "ajá" como para justificar eso de que somos periodistas.

8. "Los discos son virtuales. La música va en el aire. Yo trabajo con mis ideas y respeto la traducción que me sale de ellas cuando grabo. Un disco es una buena noticia, es alegre; más allá de que las grabaciones sean duras".

9. Sigue hablando. "¿Grabamos, Andrés?", preguntamos, con el pulgar de la
mano derecha en la tecla "rec". "No, esperen", y le responde a nuestro "rec" con un "play" en su compactera.

10. "No soy muy ambicioso. Sacar discos es una cuestión artística. Pero mi trabajo termina cuando termino de grabar. Cuando el disco está terminado, yo ya no miro atrás. No existe la posibilidad de sentarme a escuchar mis discos anteriores. Podría hacerlo en cualquier momento, pero no es lo que a mí me gusta hacer en mi casa".

11. Escuchamos.

12. Hay canciones que quedaron afuera de El salmón, pero la mayoría son nuevas. De todos modos, para nosotros todas son nuevas.

13. "El problema de grabar solo es que lo más interesante es el material preliminar, lo que parece casi música privada".

14. Andrés habla y gesticula, porro en mano. Saca una bolsita, peina y convida. No, gracias, pero si tenés otro porro... "Por supuesto, esperá". Va y vuelve con una lata. Arma uno y nos lo da. En ningún momento deja de hablar. Ya está, ahora sí podemos seguir la dirección del salmón.

15. "Es un error pensar en discos como negocio, comercio o industria. Lo importante de los discos, sea en Parque Rivadavia o en cualquier lado, es que te siga entusiasmando comprarlos y escucharlos".

16. Nos cuenta que ahora le interesa más hacer música a lo largo que a lo ancho. Que se entienda: prefiere escribir y grabar todos los días y no pasarse seis meses grabando y produciendo un solo tema. "Si El salmón lo ves a lo ancho te das cuenta de que tiene menos canales que muchos otros discos". Nos queda bien claro.

17. "Los discos que no se venden son los que están en las tiendas".

18. Los grabadores siguen apagados. Andrés, mientras habla, revisa la caja de CDs y elige de a dos o tres discos. Todo lo que escuchamos es inédito, claro.

19. "Un disco no tiene por qué ser televisivo. Hay que alegrarse de poder grabarlo y listo. Que un músico hable de las ventas y de los ránkings es ilegítimo. El único éxito válido es cumplir con el plan: o sea grabar tu disco. Eso es lo puro, el espíritu noble del músico. Toda esta vía comercial, de discos caros, de promoción, de una canción sonando en la radio; es entontamiento, no sirve para nada".

20. La anterior nota de Andrés en La García había sido en un pequeño cuarto convertido en casero estudio de grabación y bautizado como Deep Camboya. Nos cuenta que ahora prefiere el living, porque es menos caluroso. Y recuerda los problemas que tuvo con sus vecinos -por "ruidos molestos"- durante los agitados días de Honestidad brutal. "El consorcio del edificio votó si me iban a echar o no, y democráticamente eligieron dejarme. Fue un triunfo de la droga" (risas).

21. "En España tengo status de Jimi Hendrix. Allá sólo se editó la caja de cinco discos de El salmón, y se vendió muy bien".

22. Las canciones que nos muestra son impactantes. Hay una deliciosa que se llama El mercado de las flores. Versiones de Vasos vacíos, de Los Fabulosos Cadillacs, y de La cumbia del cucumelo, de Las Manos de Filippi (su versión nos gusta más que la de Rodrigo).

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23. Siguen las versiones: de los Beatles, de Sandro (Rosa, Rosa), de Daniel Melero (Trátame suavemente). Tangos. Collages de bases y rapeos furiosos y venenosos. Y esas canciones de pura melodía y piano. Con política, con humor, con melancolía, con insomnio, con romanticismo... de todo.

24. "En la edición de discos no existe el dinero. No hay razón para pensar que el artista puede ganar dinero, o que la compañía puede perderlo. Lo estuve pensando. No existe un disco que venda poco, ni siquiera los discos que no se venden. Las sumas de dinero de las que se habla en los contratos discográficos, no existen. Ese dinero no existe. Son adelantos, una deuda, un crédito... pero no es guita. Lo que el músico cobra es un adelanto de lo que en realidad le va a corresponder. Esto ayuda a entender mejor la cosa. Darle importancia a algo que no la tiene, es mucho riesgo. La música es muy generosa, pero cometer errores es peligroso."

25. No preguntamos nada. Andrés habla. Y habla. Sobre lo que se te ocurra. Sin embargo, todo lo que dice encaja perfectamente en un imaginario mapa para entender la famosa dirección del tantas veces mencionado pez.

26. "El éxito ayuda a desenfocarte. Tu próximo disco tiene que ser el mejor posible, y nada más. Eso es lo único importante".

27. Vemos en el piso un montón de cancioneros, de esa edición tipo revistita que se vende en todos lados, con caricaturas en las tapas. Pareciera que se compró la colección entera: Silvio Rodríguez, Redondos, Las Pelotas con La Bersuit, Lennon, Beatles, Stones, Gardel, Cadillacs... "Los tengo porque para grabar un cover, la letra la tenés que cantar bien", nos dice. Está también el de Los Piojos y La Renga, lo agarramos y le preguntamos a Andrés si grabó algún cover de ellos. "No conozco ninguna de sus canciones", nos contesta.

28. "Los vinilos en la Argentina nunca tuvieron precio internacional. O eran los más caros del mundo por el cambio, o no valen nada, como ahora".

29. Unos días antes de cerrar la nota, vemos una entrevista a Andrés que salió en Página/12. Nos llama la atención que las fotos lo muestran casi igual que el día que le hicimos el reportaje nosotros: sentado en el sillón de su living, con el teclado, unos equipos, una guitarra, unos CDs... Nos preguntamos si no será que el Andrés modelo 2001 se pasa el día entero en ese lugar, grabando, escribiendo, tocando, hablando. ¿Será su casa dentro de su casa?

30. "Escribir canciones es una buena forma de aprovechar el compromiso con la música. Es la primera vez que escribo quinientas canciones de corrido y estoy muy contento. Incluso me ha ayudado al rendimiento físico, sexual y a tener otra clase de superpoderes. Este método creativo para mí es el único".

31. Se hace difícil repreguntar cuando el entrevistado es Andrés. Y, entre tantas otras dudas, nos quedó una: ¿cuáles serían esa otra clase de superpoderes?

32. Le gusta el recurso de repetir los mismos versos en distintas canciones. Las rimas con "ina", la ya célebre frase "digo la verdad cuando miento" (de la película Cara cortada), el no dormir. Los conceptos aparecen y desaparecen en las canciones. Y las canciones son tantas que aparecen y desaparecen.

33. Sigue la charla, siguen los fasos. Hablamos de El salmón y de La García. Andrés nos cuenta que leyó la reseña del disco que salió en el número 35, y comenta que un quíntuple quizás no sea para escucharlo todo de corrido en una sola noche. Acusamos recibo.

34. "Un disco de 103 canciones no puede tener un corte de difusión. No quería aislar ningún tema. No sirve que se escuche un tema por radio y no todo el disco. Pero no porque una canción decore a la otra, sino porque se favorecen".

35. Seguimos hablando de revistas de rock argentinas y nos dice que La García está muy bien porque refleja el lugar del fan; le agradecemos.

36. Después nos cuenta que la prensa en España siempre estuvo dividida en sus opiniones sobre él: en sus días de gran éxito con Los Rodríguez era bien visto en Madrid pero ignorado en Barcelona, lugar cool de España por excelencia. Pero que a partir de Honestidad brutal, los catalanes lo tomaron como artista de culto y los madrileños tomaron cierta distancia. Nos va quedando claro que Andrés, a pesar de renegar de los diarios y la TV, está muy informado si se trata de rock.

37. Andrés bebe agua mineral, toma y fuma.

38. "Si quieren hablar de vicios, hablemos", dice, aunque no a nosotros: al mundo entero. "Pero en serio", insiste, "de todos los vicios. Y de los vicios de todos, no sólo de los míos. Yo no tengo problemas, por eso los hago públicos".

39. Andrés es explícito en letra y en música, en cuerpo y en alma.

40. "A las canciones favoritas de la compañía las he dejado afuera durante dos discos seguidos. Cuando ellos suponen que un tema puede ser considerado radiable, yo lo dejo afuera. Me gusta poner a prueba la confianza de la gente que trabaja conmigo".

41. Andrés te pone a prueba. Todo el tiempo.


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42. No estamos seguros si sigue siendo de día o no. No sabemos por qué, pero suponemos que no.

43. Ya pasaron las canciones políticas. Las de la cárcel. Y los covers andan por todo el disco... perdón, por toda la noche.

44. "Mi catálogo y mi historia musical no me interesan. Podría tirar o destruir todo. No soy vanidoso de ninguna música que no sea la próxima, la que me gusta a mí".

45. Es la hora de los instrumentales. Terreno peligroso. En las canciones, cuando Andrés no tiene una idea brillante, tiene al menos un recurso    para salir adelante. Pero en los temas instrumentales a veces está bien y a veces la noche se hace larga.

46. Definitivamente, es de noche.

47. "Me gusta mucho cómo hago lo mío. Trabajo con ideas, y no acepto que la suerte de una sola canción sonando en la radio defina la suerte de todas mis canciones".

48. "De estas tengo miles", dice de los instrumentales y no podemos hacer otra cosa que creerle. Pero pasa a otra cosa. A otros temas, a otras canciones.

49. "La palabra pop no me cae bien porque en un momento sirvió para diferenciar grupos. Eran los mismos bares, las mismas radios, los mismos músicos, pero a nosotros nos privaron del privilegio de cantar por las Malvinas. Igual, esas circunstancias nunca ayudan a la buena música".

50. "Los Redondos no tienen otra opción. Los contratos para hacer discos colaboraron para borrar géneros musicales enteros. Muchas veces el músico no tiene salida. Por otra parte, hay un mito que dice que los contratos son injustos, que el músico está en una situación desigual. Bueno, nada que sea voluntario es injusto. El papel del músico víctima es infantil.".

51. Pasan las canciones y vemos que en varias de ellas Andrés continúa con la idea de rimas terminadas en "ina" (Argentina, mina, cocaína...), ya insinuada en Valentina, de El salmón. Nos muestra Sabina, dedicada al gran Joaquín. Y nos sorprende, después con amagues: letras en las que estás esperando la rima con "ina" pero que deja pasar la chance. El verso venía justo para decir "argentina", pero dice "argenta". ¿Un amague lírico? ¿Un letrista con buena gambeta?

52. "Me gusta la hinchada del Atlético Madrid. Es sufrida y más cantora que otras. Yo soy hincha de Independiente un poco en memoria de un compañero de la infancia que era de Independiente. Conocí muchos amigos ahí. Y cuando viví en el Hotel Plaza Francia, me encontraba seguido con los jugadores de River porque concentraban ahí. Me hice amigo de Santiago Solari, de Marcelo Gallardo..."

53. "Extraño mucho a Maradona. Sigo teniéndole afecto y devoción. Tengo canciones para grabar un disco entero con él como cantante. Lo vi hace tiempo, pero no se las di porque había mucha gente, no era buena la situación. No sé si no habré estado mal con él. Yo ya estoy contento con que alguna vez Diego haya venido al estudio conmigo un rato, a cantar y bailar un rato. Diego canta bien, la melodía con la que trabajamos era sencilla pero con vueltas tramposas, no tan fáciles, y él demostró que puede hacerlo bien".

54. Andrés cuenta que en un avión también conoció a Batistuta: "Es un gladiador. En Florencia le hicieron un monumento, porque era el tipo más lindo de la ciudad más linda".

55. Andrés admira a los futbolistas y a los toreros. Y a los rockeros que con la receta mágica de sexo, droga y rocanroll logran mantener un cuerpo atlético y guerrero. Habla de Iggy Pop y dice que eso de que Jagger o Richards van al gimnasio a escondidas son puras mentiras. "¿Qué es sexo, droga y rocanrol?", pregunta, sin esperar respuesta. "El sexo y la droga son para todos. Y el rocanrol es sexo y droga, pero mucho".

56. "El CD se vende al dos mil por ciento de su valor. ¿Es música o narcotráfico?"

57. Sigue revisando su caja de CDs. Que se entienda, deben ser como sesenta discos, cada uno de ellos lleno de canciones inéditas. Fácilmente tiene un cardumen de salmones allí. Había dicho que quería editar un álbum de veintidós temas llamado El 22, pero perfectamente podría editar veintidós versiones de ese disco. Veintidós 22. Se lo decimos y sonríe. Parece desconcertado en cuanto a cómo dar a conocer tantas canciones.

58. "En el último año escribí más de quinientas canciones, y todas después de El salmón, que ya no recuerdo cómo es, ni quiero recordarlo".

59. "Para mí son grabaciones, no sólo canciones. Yo a cien canciones grabadas las siento como a cien cartas que se podrían haber escrito y se escribieron. Me pregunto: ¿Se podrían haber escrito? Sí. ¿Las escribimos? No. No me interesa dejar escapar así las cosas. Esta forma de escribir fue primero un accidente, después una vocación y ahora un método, una estrategia de caos, desprecio y entrega".

60. El 22 en la quiniela es el loco. Además, el 22 de agosto, Andrés cumplirá 40 años. Y el 22 de agosto de 1972 (el día en que cumplió 11 años), el ejército masacró a militantes de las organizaciones guerrilleras E.R.P. y Montoneros presos en la cárcel de Trelew, simulando una fuga. Uno de los temas políticos termina con la frase "vivan los mártires de Trelew". En su antebrazo derecho, Andrés, el 22, tiene tatuada la frase "22 de agosto".

61. "Tengo necesidad de escribir letras importantes como sea. Ya no hay táctica que valga".


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62. Manuela se fue mucho después de empezada la entrevista, llegó mucho después de que se fue, y le trajo a Andrés una bandeja con un plato con canelones y una lata de Coca Cola light mucho después de que llegó. Ninguno de los dos tenemos reloj, pero suponemos que es tarde. Siempre sentado en su sillón, Andrés se pone a comer. Sigue hablando y poniendo discos con canciones nuevas. Son CDs regrabables comunes, en cuyas tapas tiene escritos, con birome, los títulos de las canciones. En algunos también hay pequeños dibujitos. Ese "arte de tapa" casero nos hace acordar al librito interno de Honestidad brutal.

63. "El único cambio que acepté en El salmón fue el envase. Yo había diseñado un estuche de cartón que entraba en bolsillo de atrás del pantalón. Pero me pidieron conservar esa cajota -que a mí no me gusta- para no encarecer el precio final. Quise hacer cinco discos baratos y romper con el precio inflado que tienen los CDs. Cada disco de El salmón cuesta seis pesos, más o menos. Transforma, en cuanto al valor, a un disco quíntuple en un disco y medio".

64. "¿Por qué los venden tan caros? Por la cajita. Para poder vender el compact caro le inventaron la cajita. Simplemente es un envase, ni siquiera lo protege bien. Y lo que cuesta fabricar las cajitas, por contrato, se le descuenta al músico. O sea, tu contrato nunca es al cien por ciento de lo que firmás, sino al noventa. El otro diez te lo sacan para fabricar las cajitas que les permitan vender el disco más caro. Genial".

65. Pone un CD -de veintidós temas- al que llama transitoriamente Viejita. Son canciones de rock stone (¿o pop chabón?). Hay composiciones suyas y también covers, todos en versión viejita. Se ríe con algunas, nos marca con gestos algún verso de otras, y después nos pregunta, con picardía y gravedad al mismo tiempo: "¿Muy viejita, no?"

66. Un chabón con aguante, Andrés.

67. "No me gusta mucho cómo se escuchó El salmón, pero no me importa nada de lo que pase con mis discos, no me atormenta, nada puede ser muy grave. Yo le dedico mi tiempo a la música y listo".

68. "A veces pido que la difusión de un disco no se haga con tal o cual canción porque no lo representa demasiado. El tema El salmón tiene una letra pesada, bien yonqui, heroinómana. En cambio Revolución turra era un experimento. Quería escribir una canción que la gente pudiera cantar sin haberla escuchado nunca antes. La puse a prueba y en algunos casos, funcionó. Sabía lo que hacía, pero además lo anuncié, lo que me convierte en un turro. Una canción así tienta a la difusión.  Hubiera querido dejarla afuera de El salmón".

69. Andrés pone una canción y, una vez más, nos sentimos dos conejillos de indias: jamás la hemos escuchado antes, jamás la editó y no sólo nos suena como si la hubiéramos escuchado, sino que nos dan ganas de pararnos y ponernos a cantarla agitando un brazo. Como en la cancha, pero bien. Andrés sabe lo que es un hit, el muy hijo de puta tiene la fórmula y la dosifica, manipula al escuchador de canciones a su antojo. ¿Qué otro tipo en el mundo tiene semejante talento? ¿Cómo puede ser tan artista y tan cínico a la vez? Encima, cuando nos ve sonreir, él también sonríe y nos dice: "Cuando me hinchan las pelotas los de la compañía, les digo que no se preocupen, que yo sé lo que siente el pueblo". Y se ríe, el muy turro.

70. "En una época, para ir a la compañía discográfica, me ponía ropa más cara que cualquiera. Lo probé, fue divertido, un juego para negociar. El último contrato lo arreglé yo solo".

71. Andrés termina de comer y arma otro.

72. "Hubo un momento, en España y en la Argentina, que tocaba mucho en vivo. En plan: Grupo de rock. Pero ahora no me bancaría ensayar con una banda varias semanas para dar un solo show. Y mucho menos salir de gira durante meses. Aunque tal vez sean excusas y lo que me pasa es que no tengo ganas y punto".

73. "No sé cuánto tiempo más voy a estar sin tocar en vivo. Mi status de villano de los discos, me gusta. Yo grabo para divertirme, y me sale bien. Las teclas de la portaestudio y de otros equipos no aguantan el ritmo de mi trabajo. Se rompen.".

74. Andrés no para de revisar en la caja, siempre está buscando otro CD con otro tema. Le preguntamos si alguna vez piensa editar todo ese material. ¿Más grabaciones encontradas? ¿Un box set? ¿Mil box sets? Nos contesta que tal vez destruya lo que no edite.

75. "Los Grabaciones encontradas estaban registrados en estudios modestos, pero en cuanto a la grabación eran hasta más ambiciosos que los temas de ahora. Más canales, etcétera. Para El salmón quise máquinas que fuesen piezas intercambiables; equipos baratos, chicos y cómodos de transportar. Yo hace quince años no usaba equipos tan primitivos como la portaestudio que uso ahora. Pero tampoco es una declaración de principios ni una estrategia".

76. ¿Qué hora será?

77. "No tengo problemas en grabar en casete y después pasarlo por programas. La grabación doméstica te permite grabar con la misma intensidad con la que se escribe. Y escribir con la intensidad con la que se graba. Para mí cambió el sentido de la palabra 'repertorio'. Ya no tengo doce canciones para meter en un disco. Es un problema que me plantea una nueva perspectiva y un renovado interés hacia la edición de discos. Voy a necesitar paciencia infinita para escuchar todo el material. Voy a atender a los valientes que se atrevan a conocer todo lo que hay. Y además confío en la inspiración que surja a partir de los horarios Medellín".

78. "Tengo muchas grabaciones entre las que elegir para mi próximo disco. ¿Cuál escuchar primera, cuál después? No sé. Es divertido, pero no sé. Lo de El 22 nació como una broma, no puedo reunir sólo veintidós canciones".

79. "No es tan fácil escribir, grabar y elegir quinientas canciones... Los amigos que tengo en el cielo, o donde sea, saben que no hago tonterías".

80. En la pared que está detrás de los equipos de música hay una foto de Miguel Abuelo.

81. "Yo prefiero recordar los momentos con Diego, o con el Indio Solari, antes que escuchar mis discos, o pensar en mis pobres triunfos pasajeros".


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82. En un momento Andrés va al baño y otra vez nos preguntamos qué hora será. Lejos, en la pared de la cocina, hay un reloj. Marca las tres. "No pueden ser las tres de la mañana, si llegamos acá a las cuatro de la tarde", tratamos de deducir. Ahí recordamos la nota de la Rolling Stone, y algunos comentarios en los que Andrés hablaba de tener los relojes en la Hora Medellín. Tratamos de convencernos: "¿No será que el reloj tiene la hora colombiana y no la de Buenos Aires? No puede ser tan tarde". Pero sí, es hora argentina. Nos viene a la cabeza la letra de Son las nueve, de Honestidad brutal, que dice "Son las nueve/ yo creí que eran las tres". La charla con Calamaro llevaba once horas consecutivas, sin ver la luz del sol, sin que suene el teléfono, sin levantarnos de los asientos, sin parar para comer ni para beber nada. Ahí vislumbramos la posibilidad de estar frente a la versión periodística de El salmón.

83. "Descubrí que soy una persona discreta y poco interesada en la conveniencia. Me he alejado de los bienes materiales, no le tengo miedo a los pajaritos que cantan a la mañana. Encontré superpoderes y fue importante para mi música. Encontré cierta intimidad".

84. Andrés habla mientras suena cada canción y no le escuchamos bien. Tampoco escuchamos bien la canción. Estamos hechos mierda.

85. "El año pasado tuvo momentos freaks, violentos: trabajo duro, happening duro, adulteraciones sentimentales y clínicas intensas en poco tiempo... Las grabaciones accidentales en casete vienen de situaciones totalmente freaks, y de superfe. Voy a ir adelante con estas cien canciones, o con otras cien".

86. A Andrés le encanta colgarse a hablar de rock. Cuando en la charla surge, incidentalmente o no tanto, alguna mención a Manal, a Sui Generis, a Pappo´s Blues, a los Stones, a los Beach Boys, a los Beatles, a Spinetta, o a algún otro artista, él repasa mentalmente datos precisos. Si no está seguro te consulta -¿o te toma examen?-. No manda fruta. Trata de recordar bien quién era el batero que grabó en tal disco, u opina sobre cómo cambió el sonido de cierto grupo de un álbum a otro. Le encanta colgarse a hablar de rock. Y, ojo, sabe mucho.

87. Hablamos de rock y Andrés tira una reflexión maravillosa sobre Jim Morrison. "¿Vieron que parecía un visitante del futuro? Tenía un look moderno, era un adelantado a su época, se vestía, hace treinta años, con la moda de los '90. Un viajero del tiempo".

88. "Después de El salmón vienen los poetas de la zurda, con Jorge Larrosa y el Cuino Scornik. La experiencia deja algunas cuestiones dando vuelta en muchas letras: las temáticas carcelarias, las del bajón del no sé qué, la culpa de la libertad, la tumba, el cielo... Yendo más allá en las letras e inventando un nuevo problema, ¿adónde ir con las canciones?"

89. "No creo en el misterio del éxito artístico, eso del 'nunca se sabe'... Hay que comprometerse".

90. "Me parece interesante grabar un disco y después transferir la primera persona al que lo escuche. Y pensar en lo que sigue. La mejor canción, la más difícil, la que no me va a salir, es la próxima".

91. "No sólo hago los discos que quiero, también quiero hacer los discos que no tendría que hacer".

92. "Me encuentro con la capacidad de manipular la inspiración".

93. Cambiamos el casete. Es el tercero de la noche y la mayor parte del tiempo el grabador estuvo apagado. Nos da la sensación de que es muy poco, que lo mejor de la charla no está en esos tres TDK.

94. "La grabación de El salmón fue como una vacación de verano freak. Si alguien dice que no le gusta sin haberlo escuchado... me preocupa".

95. En casi doce horas de charla apenas hicimos unas seis preguntas. Y para hacerlas, tuvimos que interrumpir a Andrés. Lo curioso es que no te resulta un tipo avasallador: si le preguntás algo (incluso si lo interrumpís), él presta atención y te contesta. Una de esas preguntas está relacionada con el canto, con su nueva condición de cantor.

96. "Tengo la idea de ser muchos cantantes, no sólo uno; cantar en muchas tonalidades. El Cuino me dice que soy buen cantor. Para mí, cantar es un trance. Tiene un efecto estupefaciente. ¿Qué interesante, no?"

97. Hace un tiempo que Andrés tendría que haber vuelto a Madrid. La compañía se lo está implorando desde hace unos meses, porque quieren que vaya a hacer promoción. Pero...

98. "No es que crea que sea bueno quedarme mucho tiempo en Buenos Aires. Me quedo  por no moverme. Nunca tuve apego por la casa propia, simplemente estoy acá".

99. "Me gusta mucho viajar. O, por lo menos, ir a España. Pero, entre que me decido y voy, grabo canciones, me hago a la idea... Me gustaría pasar por Nueva York, charlar con la gente... Alguna vez pensé en armar un disco especial para gente que no habla en castellano. Son varias ideas distintas de discos".

100. Estamos por irnos. Ya nos levantamos de los asientos -fueron doce horas sentados, lo mismo que un viaje en avión a Madrid-, y los últimos comentarios son sobre el mano a mano entre Beatles y Beach Boys entre el '65 y el '67. Cruzamos la puerta, y mientras esperamos el ascensor seguimos charlando. Son más de las cuatro de la mañana, día de semana, y suponemos que a los vecinos no les hará mucha gracia tener a tres tipos hablando en el pasillo. Andrés nos dice: "Si se les ocurre algo sobre cómo editar El 22, avísenme. Y si quieren volver a escuchar algunos temas más, también".

101. Lo llamamos para volver (esa es la dirección del salmón) pero no estaba (esa también es la dirección del salmón).

102. Este es final de nuestras carreras: las horas a oscuras, respirando el humo infinito, viviendo las letras, sintiendo los ritmos, ignorando la sed y el hambre, venciendo al sueño, despreciando el cansancio, no temiéndole al reloj, enfrentando el océano de canciones, poniendo el alma y el cuerpo... el rompecabezas cierra. Empezamos a sospechar que este plan de entrevista brutal y banzai que propone Andrés tal vez sea, efectivamente, una mínima espiada de la difícil ruta del salmón. ¿Cómo sintetizar, en pocas páginas de una revista, a una experiencia químico-existencial y poético-musical de doce horas? ¿Publicamos una edición quíntuple de La García?

103. Nos queda en la cabeza una frase de Andrés: "Hacer un disco con veinte temas, o con doscientos, es igualmente benigno. Yo soy yo, mi circunstancia y mis canciones"