29 de enero de 2001

Recién llegado a Tacuaren town

Antes de viajar a Madrid, donde está intentando grabar formalmente su nuevo disco, Calamaro mostró a rock.com.ar los demos de las canciones que compuso en los últimos meses.

 
 

Su llegada a los 40 años y la libertad. Para Andrés Calamaro, esas parecen ser las dos grandes cuestiones a tratar en este momento. Hoy Andrés está en de nuevo en Madrid. Ha vuelto a su semipiso de Salamanca, en la calle Hortaleza de las canciones de Moris, pero no para encerrarse, como lo hizo en Buenos Aires en el último tiempo, sino para ir a trabajar en un estudio de grabación, empujado por los productores del sello Dro que lo edita en Europa. Este es el momento de pelear con los cientos de canciones que compuso en Buenos Aires en el último año, de las cuales saldrán las 15 ó 20 que serán su nuevo disco.

"El 22" iba a llamarse el sucesor del quíntuple "El salmón", pero ahora tiene otro nombre. También provisorio, pero fuerte candidato a ser el definitivo: "El tilín de su corazón". O algo así.

Antes de partir a España, Calamaro grabó en un par de cassettes dos horas de música donde hay 40 canciones, 30 estrenos y una decena de covers. Esos registros hoy están en rock.com.ar. Una prolija escucha de esas grabaciones caóticas -además de los demos hay fragmentos instrumentales, melodías inconclusas- permite escudriñar qué tendrá su nuevo disco.

El tema más trabajado de esas cintas es "La ranchada de los paraguayos", que tiene una música con coqueteos con el flamenco y cuya letra describe el ambiente carcelario de Devoto. "En el quinto estaba la ranchada de los paraguayos, mezcla rara de gratas, tráfico, caño y bagayos... Buena gente de pipa, justa, sonriente y callada. Aunque estén pagando mucho, siempre comparten su poco..." Luego dispara: "Hombres que pagaban lo que otros zafaban... Motín a los cuatro vientos, no se aguanta estar adentro. Algunos están por nada. ¿Por qué? La política y la yuta están exentas de pagar y ser extranjero no cuenta, vale menos que cero".

El resto solo tiene la categoría de demo casero. Todos los temas fueron grabados en soledad por Andrés, como único cantante y multiinstrumentista, en su casa de Palermo. Allí pasó semanas y semanas, durante el último año, sin ver la luz del sol. Allí también, en las últimos días, cambió algo de su fisonomía: por eso en Madrid ya no luce como en las fotos que ilustran esta nota, sino que tiene bigote, no abundante sino finito, exactamente igual al de Bob Dylan en la sesión de fotos oficiales de su último disco "Love and Theft". Se advierte que Calamaro está cada vez más subyugado por Dylan. Si siempre fue una fuerte influencia, hoy ya es un modelo que lo obsesiona.

Justamente con la misma voz cascada del último Dylan, Calamaro canta sus otras nuevas canciones, ninguna de las cuales está identificada con títulos en los cassettes. "No hay peor argentino que su propio asesino, no hay argentino mejor si no hay otro peor", dice una, en la que juega con las palabras en forma de coplas: "Si no tengo historia ni tengo tradición, será que no tengo memoria, pues, ni mucho corazón. Si soy el interior, no estoy adentro. Qué futuro me espera, si gobiernan desde afuera. En la capital, combatiendo el capital, el orgullo nacional es ganar un mundial en la Monumental". En el mismo tema, hace una referencia a las Malvinas. "Pues, si las islitas son argentinas y hablan inglés, qué queda para lo demás de la parte de atrás". Y redondea, agudo: "Viste cuántos países que ya no existen..."

La libertad aparece en un par de canciones. Dice en una: "Creo que todos buscamos lo mismo, no sabemos muy bien qué es ni dónde está, oímos hablar de la hermana más hermosa que se busca y no se puede encontrar. La conocen los que la perdieron, los que la vieron de cerca y muy de lejos, y los que la volvieron a encontrar, la conocen los presos: la libertad. Algunos faloperos, algunos con problemas de dinero porque se despiertan soñándola, algunos que nacieron en el tiempo equivocado. La libertad". En otra: "Algo fue que me olvidé cuando me fui de cada lugar donde viví. No pude darme cuenta hasta hoy, no pedí nacer así, pero así soy. Intento no volver la vista atrás, no creo que sea una actitud. Conservar la estupidez y la salud es el premio que la vida me dio por curtir. Tengo hermanos y una hermana además de todas las razas del mundo y una chica muy hermosa que se llama libertad". Este último verso recuerda a "Los hermanos" de Atahualpa Yupanqui, Calamaro lo sabe.

Su llegada a los 40 años es el otro tema que parece interesarle sobremanera. Dice en uno de sus temas nuevos: "Si escribo desde los 70 te vas a dar cuenta, tengo casi 40. Me abusé del corazón en venta con chicles de menta y con música lenta. Si hablamos de la realidad, entonces no hay verso que valga, solamente cabe la verdad, una frase dulce y la otra amarga...". Y es más directo aún en un rock que seguramente se llamará "Tacuaren town" (ciudad de los 40, si se admite la cruza entre el inglés y el lunfardo): "Parecía fácil llegar pero no se parece a ninguna ciudad", empieza diciendo. Luego sigue: "Al cusifai le pasan cosas que antes no pasaban; 20 abriles que nunca más volverán, acaban de pasar por segunda vez. No ves que acabo de llegar a Tacuaren town..."

Los comentarios sobre el país son varios. "No quieren dejar el mango de la sartén y con razón casi tenemos razón, nadie miraba pero se veía venir: no quieren dejar de curtir. Me parece merecido bacanal, igual no somos menos mortales que algunos animales vegetales en permanente peligro de extinguirse de nuevo, como la ballena azul". Más adelante: "La nafta ésa no era gasolina; Argentina, te dieron anfeta de propina, será que regalaban serpientes en almíbar. Mi barco no se hunde en cada esquina, estoy estrenando la grande muralla cochina, y en Argentina acaba de empezar la matinée, son las once de la matina... Cualquiera tiene complicaciones, los leones parecen olvidarse que nunca fueron vegetarianos. Al destino le faltan las dos manos y juramos con gloria vivir..."

En sus nuevas canciones, Calamaro hace varios comentarios sobre el país. "No hay peor argentino que su propio asesino, no hay argentino mejor si no hay otro peor", dice en una, en la que se arriesga al formato de las coplas: "Si no tengo historia ni tengo tradición, será que no tengo memoria, pues, ni mucho corazón. Si soy el interior, no estoy adentro. Qué futuro me espera, si gobiernan desde afuera. En la capital, combatiendo el capital, el orgullo nacional es ganar un mundial en la Monumental". En el mismo tema, hace una referencia a las Malvinas. "Pues, si las islitas son argentinas y hablan inglés, qué queda para lo demás de la parte de atrás". Y redondea, agudo: "Viste cuántos países que ya no existen..."

En otra: "No quieren dejar el mango de la sartén y con razón casi tenemos razón, nadie miraba pero se veía venir: no quieren dejar de curtir. Me parece merecido bacanal, igual no somos menos mortales que algunos animales vegetales en permanente peligro de extinguirse de nuevo, como la ballena azul". Más adelante: "La nafta ésa no era gasolina; Argentina, te dieron anfeta de propina, será que regalaban serpientes en almíbar. Mi barco no se hunde en cada esquina, estoy estrenando la grande muralla cochina, y en Argentina acaba de empezar la matinée, son las once de la matina... Cualquiera tiene complicaciones, los leones parecen olvidarse que nunca fueron vegetarianos. Al destino le faltan las dos manos y juramos con gloria vivir..." Parecen juegos de palabras, no lo son.

En un par de meses se sabrá qué pasó en las sesiones de grabación en Madrid. Canciones había.


Por Víctor Pintos
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