Gringui Herrera: Veinte años de música
a la sombra de Andrés Calamaro
Marzo del 78. El alumno de quinto año Andrés Calamaro relojea al "nuevo" de tercero, un doble repitente que tiene su misma edad, pelo largo y una pinta de rockero que se cae. Charla y coinciden: su rollo es el rock. El chico en cuestión lleva el mismo nombre de su padre, Augusto Elpidio Herrera. "Andrés ya tocaba en Raíces y yo era el guitarrista en Carolina, una banda de rock and roll. Nos hicimos amigos y pintó la onda de ir a conciertos. Y no era que estuviéramos de acuerdo en todo: Andrés escuchaba cosas con las que yo no estaba de acuerdo y por eso a veces discutíamos. Pero con los años me dio la razón", hace memoria Gringui entre risas salpicadas de coca con limón en su primera nota como "solista", en un bar de "su" Belgrano.

Como fuera, en la fiesta de fin de curso del año del Mundial del terror, Gringui y Andrés armaron La Chorizo Colorado Blues Band, el primero de sus proyectos conjuntos, seguido de cerca por otro grupo fantasma llamado Elmerís Band. "Eramos y somos unos enfermos de la música. Todavía hoy, después de cada show, en vez de irnos de fiesta nos encerramos en una habitación a escuchar pifies y atender arreglos", confiesa orgulloso atándose sus largas mechas. "Cuando terminé el colegio me fui a España con Carolina y viví la vida hippie un año, me codee con Moris y Botafogo, extrañé y me volví." De regreso Gringui volvió a los ensayos en hogar Calamaro ("sus padres siempre me trataron como a un hijo") y juntos compusieron "Tristeza de la ciudad" y "Así es el calor", dos potenciales hitazos que Andrés se llevaría a Los Abuelos de la Nada, con los que ya empezaba a tocar. Mientras tanto, Gringui despuntaba el vicio tocando con Nito Mestre y León Gieco, y debutando como solista con Tu mirada sigue allí (1984, no disponible en CD). Pero el destino lo volvería a cruzar con su mediohermano: "Un día vuelvo de andar en bicicleta y me encuentro con un mensaje de Cachorro López. Llamo y me dice que me necesitan para tocar esa misma noche. Jamás había ensayado con ellos, pero chivado y todo me mandé", recuerda el melenudo sobre su paso por la descontrolada Orden de Los Abuelos, que lo tuvo como invitado permanente en la temporada 84-85 y con los que grabó el disco en vivo en el Opera.

"Mirá que toqué con muchos, pero ninguno sabe tratar tan bien a los músicos como Andrés. Sabe estimularte con una sonrisa cuando otros te hinchan las pelotas mirando con cara de culo sin darte explicaciones. Nunca ningún tipo con el que trabajé me dejó dormir en su casa, excepto él", dice Gringui, quien supo además trabajar para García y Páez. Lleva puesta una remera de Honestidad Brutal y su aspecto de indio manso trae la imagen pronta: Gringui es a Calamaro lo que Toro al Llanero Solitario.

Desmembrados Los Abuelos de la Nada, Andrés se encargaría del Operativo Retorno II reclutándolo para la banda con que grabó los clásicos Por mirarte (87) y Nadie sale Vivo de aquí (89), cuyo fracaso impulsó el exilio de Calamaro en España. En 1996, mientras gira por Rosario con Fito, vuelven a cruzarse y °zas!, Gringui vuelve con Andrés. El mismo que lo llevó de gira con Alta Suciedad, lo tuvo al pie del cañón en las bravas sesiones de Honestidad Brutal y el que lo trajo hasta ayer nomás en el Gran Rex, entonándose juntos con el Smoke on the Water de Deep Purple en camarines y pasándole el trapo a su Gibson SG sobre el escenario, acaso como su aliado afectivo más efectivo. "No es que sea calamarodependiente. No soy un monitor que lo persigue todo el tiempo. Más que nada estoy para que me diga: "Vení negro, que te necesito para grabar unos temas".