MUSICA
El regreso

Andrés Calamaro volvió a un escenario grande de la Capital. Entregó una larga lista de hits frente a tres Luna Park repletos.

* * * * A Andrés Calamaro le resultó muy promisorio su regreso a los escenarios grandes de nuestro país. En el mismo lunes que un tribunal de La Plata lo absolvió en un juicio que traía un proceso de diez años -por aquel episodio de la "linda noche" y "las ganas de fumarse un porrito"- convocó a una multitud en el Luna Park para abrir una serie de tres conciertos, todos a sala llena. Ausente por años de la Argentina, ídolo en España a partir de su participación en el grupo Los Rodríguez, emblema de un rock/pop de llegada directa al público, con un último disco -"El cantante"- que aún no había sido formalmente presentado por aquí, confirmó que conserva intacto su poder de convocatoria.
Calamaro es un gran compositor de hits. Aunque sus canciones tienden a elucubrar mensajes y, a través de su obra, pueden descubrirse sus posturas respecto del amor y de la vida, no es un poeta virtuoso. Sus melodías, aunque exhiben rasgos de personalidad, se caracterizan más por la reiteración que por la novedad. Su envoltorio musical -sea con músicos españoles o argentinos- no intenta profundizar en líneas de arreglos muy trabajados. Y tampoco se luce especialmente como cantante, con una voz grave y rugosa que da cuenta de una colocación poco trabajada. Sin embargo, algo pasa para que este artista continúe convocando a multitudes. Y quizá, en sus mismas limitaciones estén sus mayores virtudes.

Es evidente que a su público le gusta esa manera de decir sin límites, esa entrega que le permite sumar repertorios eclécticos, esa necesidad suya de mostrar absolutamente todo lo que hace sin ningún filtro -el quíntuple álbum "El salmón" es, seguramente, el punto más evidente en ese sentido-, esa sencillez sobre el escenario y en los reportajes que lo convierte en uno más, ese anti-divismo que rescata los valores algo deteriorados en el rock argentino.

Para los conciertos del Luna Park, Calamaro se rodeó de los integrantes de Bersuit Vergarabat -sin el cantante Gustavo Cordera, claro-. Organizó una larguísima lista de temas que incluyó canciones de distintas épocas y de diferentes autores. Abrió con "El cantante" de Rubén Blades, pero en la extensa sucesión de éxitos radiales, hizo escuchar también piezas como "Te quiero", "Siempre tuyo", "Clonazepam", "Para no olvidar", "Estadio Azteca", "Media Verónica", "Ok perdón", "Flaca", etc. Contó además con varios invitados ilustres. Con el guitarrista Juanjo Domínguez hizo dos tangos -"Como dos extraños" y "Por una cabeza"-, en una línea que no lo favorece. Con su hermano Javier Calamaro compartió "No me nombres". Con Juanse -de los Ratones Paranoicos-, cantó "Desconfío" y "El tren de las 16" -en un emotivo y logrado homenaje a Pappo-. Y sumó a Andrés Ciro Martínez -de Los Piojos- para "Ok perdón" y "Alta suciedad".

No hubo sorpresas. No hubo mayores avances respecto de lo que se le conoce desde hace ya tiempo. No tuvo una banda propia y el "profesionalismo" con pocas horas de ensayo junto a la Bersuit se notó en la uniformidad de las interpretaciones -sin matices ni rasgos de estilo marcados-. Pero Calamaro, feliz por la absolución, emocionado por el reencuentro con su público -insistió en agradecer reiteradamente a la multitud- y con un bagaje de hits que lo pone a la cabeza de los autores exitosos, hizo lo que sabe. Y nadie se sintió fatigado frente a las más de dos horas de show. l


Por: Ricardo Salton |