
Miguel Angel Peralta nació el 21 de Marzo de 1946 en Buenos Aires y
desde temprana edad comenzó tocando la guitarra y cantando bagualas.
Discografía solista
20 Años sin Miguel Miguel era gaucho agitanado, era sofisticado criollo europeísta, era batucada y existencialista funky, pero sus versos son cercanos y profundos, vitalistas y provocadores. Cuando le conocí, llegaba con anteojos “culo de botella”, un libro y un puñado de letras alentadoras, entre las cuales recuerdo “El Gran Orinador” (que reescribió, para “Buen Día Día”, como, la deliciosamente panamericana, “Americano soy del Sur”) & Mundos-in-Mundos. Musicalmente, Miguel no se sentía sujeto por el compás cuadrado de las rockas argentinas, ni del tango. Venía con el compás gitano asimilado (que es de tres y es de cuatro, porque es un compás de doce), y era capaz de cantar “Se me olvidó que te olvide” acompañado por sí mismo, tenía conciencia afrocubana. Nunca supe, a ciencia cierta, si realmente había estudiado los compases y las armonías, si era un intelectual o un “maestro declamatorio declamador”, pero sus textos no dejan lugar a dudas: tienen un valor extraordinario, están “más allá del bien y del mal”, pero son superlativos, podía abrazar la esperanza de su pueblo (o del mundo) y convocar a los instintos y a la picardía carnívora. Qué profundidad tenía Miguel. Fundador de la psicodelia, de corazón underground, príncipe y mendigo.... generoso líder de nosotros. Claro que los textos de Miguel tienen que estudiarse en las escuelas. Pero Miguel no dejaba de recordar a los marginales, a los adictos, a los infectados, a los presos. Yo no puedo contar mucho de Miguel Abuelo, fui testigo de su vuelta al pago, espero haber colaborado con su renacimiento y su alegría, aunque me temo que, de a ratos, su poética, reveladora y genial, haya quedado en un segundo plano, detrás de su propio invento: una sola estrella de seis puntas, una invitación a cantar y a escribir, que pidió prestado (por segunda vez) el nombre a Leopoldo Marechal: Los Abuelos de la Nada. El rito iniciático, que cumplió sin sacrificio, fue leer El Banquete de Severo Arcángelo, ése fue el examen de ingreso. Vivimos cuatro años aventureros y musicales, creo que les pusimos color al país y a la música. También creo que los textos, el canto y la persona humana, no necesitan más explicación, ni introducción, que la obra en sí misma: investiguemos y descubramos a Miguel Abuelo, que cada día canta mejor.
"Miguel fue [es] el poeta, con mayúsculas: popular, sofisticado, callejero, irreverente, cercano y bailarín -lo recuerda Andrés Calamaro-. Sus versos de esperanza, de claridad, de ilusión; pícaros, eróticos, sociales. Cuando la Presidenta se estrenó en la investidura, Mercedes [Sosa] cantó el "Himno de mi corazón: «Tengo confianza en la balanza que inclina mi parecer». Hay que volver sobre las cosas que escribió Miguel, superan la nostalgia... Es mucho más importante de lo que creemos recordar. Habría que recitar unos versos de Miguel todos los días al despertar y viviríamos una vida mejor en un mundo mejor". El largo día de vivir de Miguel Abuelo La Nacion
|
